Solidaridad, tolerancia y respeto en La Safor tiene un nombre “Centre d’Acollida Sant Francesc d’Asis”

Centred'Acollida Franciscans de Palma

Solidaridad, tolerancia y respeto son tres máximas que se hacen realidad cada día en el “Centre d’ Acollida Sant Francesc d’Asis” de los Franciscanos de Palma; aquí nadie pregunta ni qué ideología política ni qué inclinación sexual ni qué religión se profesa cuando la ambulancia, los servicios sociales o la familia traen al enfermo ni en el día a día –dicen ellos que es Cristo quien visita la casa-, con los brazos abiertos se acoge a todo el que llega: brazos abiertos para el hermano pobre y abandonado, brazos abiertos para el voluntario que decide colaborar en la acogida y cuidado de los enfermos.

Llegar al “Centre d’Acollida Sant Francesc d’Asis” de los Hermanos Terciarios Franciscanos en Palma de Gandía es adentrarse en un oasis a medio camino entre la huerta de naranjos que endulzan la atmósfera con su azahar y los estribos de la montañosa serranía gandiense. Siempre es un entorno lleno de paz, sin estridencias, el que nos recibe, antesala de la cálida acogida que nos ofrecen el Padre Tomeu, Fray Guillermo y Fray José.

Saforinformatiu: Bon día, Hermano Pepe, la gente os ve como una actualización del espíritu de San Francisco.

H. Pepe: Hace años optamos por una vida sencilla salpicada de pequeños ratos de oración litúrgica y de adoración en medio de los enfermos. Decía San Francisco de Asís que el Señor le condujo entre los leprosos para que hiciera misericordia con ellos, para nosotros salir al encuentro de los últimos y más necesitados y servirles va más allá de una simple atención asistencial, participamos de su sufrimiento, son un auténtico sacramento de Dios y del hombre en el mundo.

Saforinformatiu: Comenzasteis hace tres décadas en una humilde casa a las afueras de Beniganim, allí crecisteis con dificultad pero con el cariño de cuantos se acercaban a conoceros, años después recalasteis en este nuevo lugar, una casona en la montaña rodeada de naranjos.

H. Pepe: Nuestros hermanos merecen lo mejor, muchos esfuerzos y donativos llegan de la Divina Misericordia para hacerlo posible. Cuando el Señor un día no se manifiesta con su Providencia le canto que tenga piedad de nosotros y, en el momento menos esperado, aparece alguien con lo que necesitamos.

Saforinformatiu: Me hablas desde una profunda experiencia de fe.

H. Pepe: Sí, todo esto es una experiencia personal, una experiencia que está y debe estar enraizada en la Palabra de Dios, en la persona de Jesús y guiada por Él, sino no tiene sentido. A veces duele, cuesta, esperas, ves la injusticia; aprendes a vivir la misericordia y a que esta es para todos, desde la alegría y el servicio. Los hermanos que el Señor nos envía para su cuidado vienen con problemas muy importantes y en el Señor deben hallar consuelo y esperanza.

Saforinformatiu: Tenéis una Ermita, tiempo de retiro y silencio personal…

H. Pepe: Es nuestra Porziúncula, así podemos retirarnos por completo, necesitamos nuestro tiempo de estar a solas con Él; es un lugar para retiro de algunas personas y grupos que nos visitan. La adoración en medio de los enfermos más pobres es nuestro centro.

Saforinformatiu: Acogéis personas abandonadas y desahuciadas por la sociedad (africanos, europeos, latinos, españoles…) sin preguntar cuál es su ideología, religión, forma de vida anterior ni la razón por la que han llegado a esta situación que viven. Sois una especie de ONU pero de verdad, en donde no importa la enfermedad que uno tiene ni su origen, solo importa la persona.

H. Pepe: El Señor nos regala esta fraternidad donde cada uno, según el ministerio recibido, hacemos presente Su vida entre los que se acerquen a nosotros. Las personas aquí acogidas, nuestros hermanos, han sufrido situaciones personales, familiares, sociales y de salud muy graves, en nosotros encuentran el cariño que sana las heridas, cuando todo parece perdido nosotros nos abrimos a la esperanza y abrazamos al hermano en la cruz.

Saforinformatiu: Mientras hablamos vamos paseando por el “Centre d’ Acollida Sant Francesc d’Asis – Convento de Santa Isabel de Hungría”, me encuentro con una grata sorpresa: un joven lituano que mendigaba en la puerta de la iglesia de San Nicolás del Grao de Gandía y a quien habíamos dejado de ver por allí semanas atrás resulta que está aquí acogido, puedo hablar con él y me cuenta que le dieron una paliza y como consecuencia de la infección de las heridas ha perdido la vista, fue trasladado a Urgencias del Hospital de Gandía en donde le atendieron e ingresaron por un mes hasta que se recuperó un poco y ya no podía seguir hospitalizado porque los recursos no lo permiten, entonces se planteó una difícil situación: había que mandarlo a la calle obligatoriamente pero no había donde ingresar a un joven extrajero ciego sin recursos económicos, el sistema público sanitario y servicios sociales no disponen de leyes solidarias ni de residencias públicas para estos casos en que quedan desahuciados por el mismo sistema que dice defender y servir a las personas. A mí, personalmente, se me hace duro verle –aunque sé que aquí estará mejor que en ningún sitio- y más duro oírle contar su situación. Hermano Pepe, entonces ¿qué ocurre?

H. Pepe: Es un gran problema, Víctor. Que un joven privado de la vista y con problemas de toda índole no tenga donde ser acogido es un grave problema. Los servicios sociales públicos, en estos casos, recurren a nosotros, a la Iglesia, siempre tenemos las puertas y los brazos abiertos sin más preguntas; es Cristo quien llama a nuestras puertas y nosotros lo acogemos. Como él son todos los casos, cada una de las personas que aquí tenemos acogidas puede contarte una situación dramática; hablar con cada uno de nuestros hermanos te puede llevar a conocer historias como la del padre que es echado de casa por la familia, hasta la de aquel joven a quien le han destrozado la vida tirándolo por un puente o prendiéndole fuego en un cajero, sin olvidar las originadas por el tipo de vida que antes llevaba el acogido. Nuestra misión es sanar las heridas con todo el amor y afecto posibles.

Saforinformatiu: ¡Menos mal que hay gente como vosotros! Entremos en otro asunto, mantener en funcionamiento un centro como este, acoger permanentemente a cerca de cincuenta enfermos desahuciados y a cuantos se acercan hasta aquí en busca de una ayuda más o menos puntual o buscando una solución transitoria, requiere de personal y economía.

H. Pepe: Necesitamos mucha ayuda, donativos, alimentos, productos de higiene y limpieza y de aseo personal… es una lista larga que aumenta cuando los electrodomésticos se estropean o hay que hacer alguna reparación, siempre hay rotos y descosidos. Gracias a las personas que nos ayudan y a los voluntarios vemos que Jesús nos acompaña siempre con su infinita misericordia. Si no tuviésemos voluntarias que se organizan para que la casa esté siempre atendida y los enfermos cuidados, sería imposible llevar adelante esta obra de misericordia por nosotros tres solos, por eso siempre estaremos agradecidos a cada una de las personas que viene a cambio de nada y forman parte de nuestra familia y de nuestras oraciones. También son importantes las entidades sociales y religiosas que nos apoyan, las Fallas, las Hermandades de Semana Santa, las Asociaciones y empresas, CARITAS… e incluso algún Ayuntamiento que nos ayuda.

Aprovecho este momento -en nombre del Padre Tomeu, de Fray Guillermo, en el mío y el de los acogidos- para dar las gracias a todas las entidades sociales y religiosas y a todas las personas que nos ayudan desinteresadamente, sin ellas no sería posible llevar adelante este regalo de la misericordia de Dios para con los últimos: nuestros hermanos pobres y desamparados.

Saforinformatiu: Cerca de treinta años de servicio a los últimos, con toda clase de enfermedades y situaciones personales; viviendo de la Providencia, con los brazos abiertos y una frase que se repite constantemente en tu vida.

H. Pepe: Misericordia quiero y no sacrificios.

Saforinformatiu: Poco más hay que decir, amable lector estás invitado a conocerlos. En la carretera de Gandía a Albaida, antes del desvío a Palma, en el Pla de Vernissa, a mano derecha los tienes. Cuando la sociedad no llega a sus ciudadanos, cuando las leyes son injustas, cuando los pobres son más pobres solo queda la mano tendida de quien nada espera y todo lo da, de quien lucha de verdad con su vida cada día por construir un mundo mejor. No es tiempo de palabras, es momento para la acción. Puedes contactar con ellos en el 962808923.

(es una entrevista realizada por Víctor Viciano)

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