Juan de Dios Leal: La ruptura del contrato social

FOTO JUANDEDIOS LEAL La Traca
La crisis actual ha sido bautizada ya hace algún tiempo como la Gran Recesión, un nombre sonoro que la coloca en la Historia económica del mundo contemporáneo como el momento en que explotó el sistema financiero universal.
Repasemos los motivos: en primer lugar la falta de control sobre los mercados económicos que durante décadas han campado libremente sobre el respeto a las mayorías, generando figuras y productos bancarios artificiosos y artificiales. La falta de regulación de la actividad financiera hizo que se instaurara una peculiar ley de la selva donde los banqueros iban acumulando capital con simples anotaciones en cuenta con el único fin de aumentar beneficios
En segundo lugar hay quienes piensan que el precio barato del dinero de la Reserva Federal norteamericana y del BCE trajo como consecuencia que los bancos sin recato pidieran efectivo a precios bajos para atender el “estimulado” mercado hipotecario en una carrera descontrolada y temeraria. Había que dar más y mejores hipotecas a compradores que realmente no podían soportar estos gastos. Luego, con las hipotecas firmadas, los bancos las titulizaban y especulaban con ellas en ingenierías financieras de dudosa estabilidad: Las subprime, los productos derivados y otras figuras financieras transformaron créditos directos al consumidor en valores bursátiles y en garantías interbancarias por valor de doce veces el PIB del mundo solo en 2007. Increíble.
En tercer lugar la banca siempre tuvo la creencia de que si había dificultades los gobiernos saldrían al rescate de las entidades, porque la mayoría de los gobiernos del mundo lo integran políticos inspirados en la vieja escuela de Chicago del ultraliberalismo ortodoxo. Como así fue. Excepto con Lehman Brothers, que a modo de chivo expiatorio desencadenó la creencia de que la cosa no podría seguir así y que había llegado el momento de la intervención pública. Obama lo intentó en el G20 de Toronto en junio de 2010, pero la poderosa Alemania no lo iba a consentir enfrascada, como estaba y está, en su peculiar tercera guerra mundial con el objetivo de las dos anteriores: someter a Europa a su Diktat.
En cuarto lugar se advierte una terrible y angustiosa consecuencia que nos retrae al siglo XVII, como filosofía que sobrevuela todo el escenario. Y no es otra cosa que la rotura del llamado contrato social; es decir, el desajuste entre las intenciones expresamente personales de los altos dirigentes del sistema económico (los ricos y los más ricos) y los ciudadanos en general. La parte más conciliadora y paternalista del sistema capitalista; la que impidió finalmente que las ideas colectivistas de marxistas y bakunianos triunfaran. Los ricos lo son pero a cambio de que los pobres cada vivan mejor y accedan a las condiciones comunes denominadoras del confort, la calidad de vida, la cultura y la salud; igual que los poderosos.
Una tradición “contractual” viva desde la Revolución Francesa y que es la savia del “modelo occidental” y de la identidad de Europa en ese pacto implícito histórico entre democristianos y socialistas democráticos. Lo que a todos concierne a todos importa.
A las elites económicas le han importado siempre el bienestar de la mayoría, porque de ella dependen.
Esa rotura del contrato social es de tal gravedad que, hoy, el desafecto de las gentes por la política puede arrastrar incluso a la democracia. En la medida en que queda desacreditada la política tal y como hoy la entendemos, mejor para las elites financieras que actúan ya como un gran gobierno del mundo, opaco y sin escrúpulos. El gobierno de los sin rostro, como ya escribimos semanas atrás.
Con el supremo error de los dirigentes políticos de no advertir que, para que ese contrato social que está en la esencia del sistema capitalista no se quiebre, habrá que salir al rescate de los bancos pero acompañado de una profunda reforma del sistema financiero que acabe con sus perversas prácticas, y evitar así que la especulación siguiese siendo el elemento fundamental de su acción selvática. Y esto no se ha hecho, sino lo contrario: se les da dinero a las entidades al 1% para que compren bonos soberanos al 3, 4 o 7%…
Dejar al frente de las entidades financieras a los mismos que habían desencadenado la Gran Recesión fue un error de dimensiones históricas. El fantasma ideologizado procedente de la Guerra Fría al pensar que se trataba de la “nacionalización” de la banca sobrevoló el G20 de Toronto, dejando paralizados a los gobiernos democráticos que por el contrario permitieron tomar aire a la gran banca y a los banqueros, que a través de bancos como Goldman Sachs y otros han estado décadas practicando el entrismo en gobiernos y parlamento, al mejor estilo trostkysta. Hoy una gran parte de los responsables económicos de Europa proceden de Goldman Sachs, Lehman Brothers o fondos de inversión especulativos…
Las políticas que nos han llevado a la recesión y al paro no proceden de los gobiernos ni del sistema democrático, sino de la imprudencia y desafecto de las elites más pudientes de la sociedad que entienden que ellos no tienen nada que ver ni con su progreso ni con su bienestar; y que es por el contrario con el sufrimiento con lo que los ciudadanos debemos seguir garantizando su rapiña irredenta y su ambición desaforada.
* Juan de Dios Leal es el editor de “Safor Informatiu”, “Las Bandas de Música” y “La Traca”.

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